Calor casi de verano en la ciudad, que ha pasado por dos fines de semana de fiesta. Mucho más tranquila de lo habitual, aunque no es mucho decir, porque aún así las calles son un hervidero de actividad. Buena ocasión para salir a pasear por una zona con muchos encantos para los turistas. Pero nuestra elección en el bazar es el lado opuesto de la calle, la zona donde no hay turistas, ni siquiera alguno despistado. Mucho más interesante, pero con un precio. Al final deducimos que yo con pantalones cortos no soy muy bien recibida en las callejuelas con mezquitas, y menos a la hora del rezo. Nos piden por favor que nos vayamos.
En el lado turistilla siempre hay cosas vistosas. Y si no te da pereza regatear puedes comprarlas a buen precio. Me dió pereza. La próxima vez.
Un tesoro para mí...este vehículo que parece abandonado (y que seguro no lo está), totalmente inspirador para un dibujo. No dejaré de pintar tampoco un gramófono de los muchos que encuentras en los puestos de antigüedades.