domingo, 14 de abril de 2013

أهرامات الجيزة

 El recinto donde están las pirámides vacío. Casi sin turistas. Una pena y un mal de estos días en Egipto. Su fuente de ingresos más importante se resiente en esta época convulsa. La vida en el Cairo puede trascurrir sin enterarse prácticamente de lo que sucede políticamente en el país, pero aún así el flujo de turistas ha disminuido de forma brutal. Las pirámides tienen el encanto de los monumentos y edificios que han visto pasar por ellos miles de años. No hay palabras para describirlas, incluso aunque todo a su alrededor sea dejadez e incluso suciedad. Nada destruye su magia. La esfinge se desgasta por la erosión, pero es magnífica también. Cuando vine
hace años con un grupo y un guía todo me pareció más grande, más lejano, más de otro planeta. Ahora es algo que está en el lugar donde vivo. Y así es todo distinto. Me pregunto si llegará un momento en el que ver desde la ventana del salón la gran pirámide a lo lejos será algo cotidiano, a lo que no le dé importancia. ¿Será como tener en Madrid el Museo del Prado, la misma sensación?¿Será igual de natural?. No lo creo. Pero sí pasa que las cosas se vuelven cercanas, y los misterios se desvelan. Hay lugares que me gustaron más la primera vez, y otros que me gustan ahora mil veces más.

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